viernes, 29 de junio de 2012

¡Buenos días, mundo!

Encontrando la frecuencia que me permita sintonizar con el Cielo, con esta Madre Tierra y con la comunión de ambos que reside en mi esencia.
Despertando la memoria celular que trae la magia inscrita en el momento y en los ojos de aquellos que saben ver.
Continuando un viaje que se inició en los orígenes y que nunca se detuvo, ni aunque creyésemos estar parados. Sin embargo, esta vez, voy haciéndome consciente de mis pasos, y de los anhelos y expresiones de este alma peregrina que me guía.
Vuelvo a caminar, ligera de equipaje, mucho más allá de mis expectativas.
¡Gracias por acompañarme! ¡El Paraíso es nuestro, gracias por compartirlo!

lunes, 14 de mayo de 2012

Continuamos - Empezamos

En una mano, la cordura sujeta por hilos trenzados a mis dedos. En la otra, flotando, sin nada que lo asegure, el horizonte infinito. En medio un corazón que no sabe de nudos, dividido por un cerebro cuyo sino es crear conexiones y patrones que hagan "fácil" nuestra vida y nos "liberen" de la responsabilidad.
Me gusta mirarte despacio, jugando a descubrir los trucos que mis dos ojos hacen para que crea que sólo hay una visión, cuando como mínimo, ya cada uno de ellos tiene una imagen diferente de la realidad.
Y eso, sólo con mis dos ojos. Cuando pienso en los 2 ojos de tantos millones y millones de seres en este mundo... ¿Cómo podemos caer en la trampa de dar por "correcta" una única realidad?
¿Quiénes somos fuera de este redil de ovejas que nos lleva de un sueño a otro, que nos llena la cabeza de verdades absolutas y nos deja vacía la piel y el sentido?
No me creo a los que venden seguridades, certezas, a los que "dicen tener" la justificación para protegerme de la vida, a los que "poseen" la razón y "utilizan" la vara que mide lo justo pero ignora los corazones.
La lluvia cae, las flores y los niños nacen, mi pelo, mis uñas y tu sonrisa crecen, el arcoiris viene y se va, la luna sigue cambiando, mis células se reproducen, mutan, se mueren y se renuevan, la vida sigue brotando... y todo independientemente de nosotros.
No necesito, ni elijo por tanto un sistema "inventado" por el hombre, que me eduque sobre cómo vivir, cómo sentir, cómo elegir y cómo controlar el mundo.
No hay nada que podamos controlar, pero en el redil nos enseñan la ilusión del control, sutil truco de magia para tenernos controlados.
Somos libres.... libres, para creernos libres. ¡Despierta!

martes, 17 de abril de 2012

SOY

Soy el árbol caído abonando la Tierra y la hoja que brota renovando la vida. Soy el principio y el fin de una historia que se escriba en batallas, abrazos, muertes, decisiones y sueños. Soy lo que nunca seré y también soy aquello que enterré en mi memoria. Soy al tiempo el día que nace en mi mirada y el Sol que se pone en el otro extremo del mundo. Soy la sombra y la luz esperando en tus manos, la canción que duerme el dolor y el llanto que despierta la vida. Soy el silencio y el grito, la solución y la herida, el soldado y el niño, la raíz y la Tierra, el fruto y la semilla.
Somos la parte y el todo de este círculo de la vida, y aquello que no amo, no lo amo de mí misma, porque TODO es reflejo de mi Esencia y eso a veces, se me olvida.

sábado, 3 de marzo de 2012

¿Dónde está el alma de Madrid?

Últimamente cuando bajo a Madrid no puedo dormir  y, a pesar de las horas de insomnio, aún no he podido descubrir “objetivamente” a qué se debe.
Esta mañana me dirijo a realizarme una revisión rutinaria al Hospital de La Paz. Es increíble, por cierto, como dependiendo del momento político, los médicos son capaces de hacerte sentir un inconsciente por dejar pasar 2 años sin revisarte el pecho, o una irresponsable por malgastar los recursos sin tener síntomas. Y eso que esta vez habían pasado 6 años desde la última revisión. No importa, sonrío a la doctora que con tanta amabilidad me ha tratado y le agradezco su tiempo.

Continúo mi ruta, arreglando papeles y haciendo gestiones. Cuando uno “baja” a Madrid, si puede, hace todos los recados el mismo día. Y mientras camino entre gente y trasbordos de metro miro a mi alrededor y me pregunto en qué momento comenzamos a caminar mirando al suelo, en qué momento a pesar de mirar al suelo, pasamos por encima de personas que duermen, que piden limosna, y no los vemos, y aceptamos como normal que ellos ocupen ese lugar en nuestro mundo. Me pregunto a dónde vamos tan deprisa, por qué las miradas no se cruzan, por qué las miradas no sonríen.
Aprovecho y entro a comprar un libro que necesitaba. Me puede la debilidad y salgo con 3 libros y casi 50 euros menos. Me abre la puerta un señor que vende Kleenex. Supongo que cuando en el colegio le preguntaban que quería ser de mayor, nunca se le ocurrió decir “¡vendedor de Kleenex!”. De hecho, aunque trabajo a diario con niños, nunca he escuchado esa profesión en la boca de ninguno. Abro el monedero en busca de algo suelto y no hay nada. Me acuerdo del billete de 5 euros que tengo en el bolsillo, pero no lo saco. Le digo “lo siento” y sigo caminando. Con mucho sentido común he gastado 50 euros en la Casa del Libro, pero tal vez 5 euros sean demasiado para un simple vendedor de kleenex. Finalmente paro, doy media vuelta, saco los 5 euros y se los entrego. Y lo hago, no por el hecho de que ese billete pueda o no cambiar su vida, o la mía, sino porque necesito romper el pensamiento de que 5 euros es mucho dinero para compartir con ese señor que no conozco de nada y que a saber en qué se lo va a gastar. Como si gastárselo en libros, en ropa, en un coche, en un ipad o en lo que a cada uno le dé la gana fuese más digno que gastárselo en un bocadillo, tabaco o unas cervezas.

La mañana comienza a antojárseme especialmente intensa y decido dejarme llevar y seguir sintiendo. Continúo mi camino a pie en lugar de coger el metro. El día está soleado y seco, y mientras respiro Madrid y dejo que me inunde, la alergia primaveral que este año me acompaña en febrero, intenta por instantes hacerse protagonista.
Sigo entre la gente, fuera de la gente, alrededor y dentro de la gente. Y así, mirándoles de a uno, se van convirtiendo en personas… y veo adolescentes y me pregunto cuáles serán sus sueños, y veo a gente sola, y grupos de gente que gritan, que hacen fotos, abuelos que pasean a sus nietos, señores que leen el periódico… y me pregunto cuáles serán sus sueños, cómo se sentirán cuando regresen a sus casas y cierren la puerta a este mundo al que pertenecen por el día: ¿serán felices? ¿Tendrán amor? ¿Disfrutarán la calma y el silencio? ¿Podrán escuchar? ¿Serán escuchados?

Ya casi llego, pero sigo caminando. Y veo ancianos con bastón, en silla de ruedas, en silencio, con la mirada perdida, y una mueca de sonrisa permanente en la cara, una mueca de aceptación de lo que les toca en la vida. Miro a quienes les acompañan y veo silencio, miradas ausentes, seres ajenos unos a otros, ajenos a lo que hacen, a lo que comparten, a lo que les toca, ajenos a sí mismos.
Sigo mirando y camino. Y lloro. Las lágrimas empiezan a caer por las mejillas una tras otra, lentamente, muy despacio. La vida es hermosa, pero hay tanto sufrimiento absurdo, tanto dolor sin sentido, tanta soledad en una ciudad llena de gente, y de casas, y de cosas…

Este Madrid me regaló personas a las que amo, personas que marcaron la diferencia, personas que colorean mi vida, y con las que el tiempo se para cada instante. Este Madrid también es el mismo en el que crecí, en el que compartí abrazos, en el que me enamoré y besé por primera, por segunda, por tercera vez.  Es el mismo donde tantas veces he sonreído, y he celebrado la vida durante mañanas, tardes y noches inolvidables. El mismo donde se forjaron inquietudes y sueños entre cervezas, conversaciones en parques y plazas, y donde aprendí a mirar al cielo tumbada en el césped, justo en esas horas en las que tal vez, debía estar en clase mirando la pizarra.

Sé que Madrid, como toda moneda, tiene su cara y su cruz, pero hoy mientras me alejo de ella.... también sé por qué no la echo de menos.

lunes, 20 de febrero de 2012

CONTANDO MINUTOS


Harta de pasarme la vida contando minutos.
Suena el despertador, me precipito a la ducha caliente mientras desperezo las escasas 7 horas de sueño. Dejo preparando un café mientras me visto, y después me lo bebo casi por inercia mientras mojo 2 galletas, quizás 3.
Cierro la puerta de casa. Miro el reloj. El autobús debe estar a punto de pasar. Me siento en la parada mientras cuento los 2 minutos que el cartel electrónico dice que tardará en llegar. Ocupo esos 2 minutos en lo que puedo: miro a la gente, preparo el abono transporte, repaso las tareas del día y decido la ropa que me pondré esa noche para ir al cine. Subo al autobús y mientras decenas de personas me empujan cuento los minutos para que alguien se levante y pueda ocupar su asiento.
Llego al trabajo 3 minutos antes de mi hora de entrada. Cumplo las funciones que me tocan mientras revivo mentalmente la discusión de ayer con mi marido, decido la lista de la compra, cuándo iré a la farmacia a comprar el jarabe para el niño y qué habrá de comida hoy, porque tengo hambre.
Son las 13:55. Comienzo a recoger  5 minutos antes para salir a tiempo y librarme de la aglomeración en el comedor de la empresa. Cojo la bandeja y me sirvo. El de la caja me pregunta casi por rutina “¿Qué tal?”. Yo con la misma rutina respondo “De Lunes”.
Vuelvo al trabajo, acabo la reunión, voy al supermercado, a la farmacia… he perdido la cuenta de las veces que miré el reloj, pero quedan 70 minutos para que empiece la sesión de cine. Me cambio de ropa, cojo el coche, echo gasolina, veo la película. Vuelvo a casa mientras mi marido habla de la película, del tiempo, del atasco, de su jefe, de que mañana recogerá al niño que hoy duerme en casa de un amigo. Vamos a dormir, son la una de la mañana y necesitábamos tiempo para hacer algo solos, pero mientras pongo el despertador recuerdo que esta noche ni siquiera llegaré a mis escasas 7 horas de sueño… y así, paso los días contando los minutos para el fin de semana que ya hemos planeado, preparo las vacaciones para mi mes de verano aunque estemos en marzo y cuento los minutos para que lleguen, y para que mi hijo crezca, y para que yo me jubile y por fin tenga tiempo. Cuento los minutos porque algún día viajaré a Turquía, porque algún día escribiré un libro y quién sabe, tal vez plantaré un árbol en el jardín de esa casita que voy a comprarme cuando junte el dinero.
Cuento los minutos para que mi hijo se gradúe, para que encuentre trabajo, para que elija alguien con quien formar una familia. No me gusta la que ha elegido, como es natural, pero aún así, cuento los minutos para que el domingo vengan a verme y yo pueda ver a mis nietos. Cuento los minutos que mi marido gasta viendo el fútbol y metido en internet. Ya me he jubilado y ahora cuento los minutos que me toca esperar para la consulta del médico y los comparo con los minutos de atención que me presta. Cuento los minutos…
Acaba de darme un infarto y cuento los minutos que tarda en llegar la ambulancia. Me intentan reanimar, pero no pueden. Y entonces, el tiempo se para y dejo de contar los minutos y empiezo a contar… los besos que te di, las veces que dije te quiero, los momentos que disfruté, los amigos que me acompañaron, los proyectos que terminé y los que no tuve valor para iniciar, las veces que hice el amor, los libros que leí, las canciones que me emocionaron, los amaneceres que pude contemplar, los abrazos que me regalaron…
Perdóname si no quiero seguir contando, analizando los pros y los contras de cada paso que doy, sufriendo por las arenas de pasión que resbala entre mis dedos y no puedo controlar, ordenando cajones para que cada cosa esté sólo en el lugar que le corresponde sin que nada se mezcle o se “contamine”, si decido dejar salir todas las voces que ya no me corresponden porque sólo hablan de un pasado y un futuro que no existe. Perdóname si dejo cicatrizar las heridas de la neurosis que a veces nos guía y vuelvo simplemente a verte, a hablar de sueños, a reír sin prisa, a llorar sin culpa, a romper patrones, a quitarme el disfraz que me coloca en tu escaparate. Perdóname si cuando esperas que sea la misma, he cambiado.
Al final vendrá la muerte y me recordará la vida, compuesta de momentos y retales, de trozos de vivencia que quedaron flotando en el tiempo de la memoria… y cuando eso ocurra, sabré que tuvo sentido, aunque sólo sea para contar una historia que despierte a otros de la hibernación de su ahora.
Definitivamente, quiero ser la protagonista de la vida que me acontece. Elijo vivir y no sólo pasar la vida…. Contando minutos.

domingo, 29 de enero de 2012

Florecer, compartir

Ya no es tiempo de seguir cultivando ideas a la luz de nuestra intimidad. Esas ideas están comenzando a florecer, y su belleza y medicina merecen ser compartidas con otros.

lunes, 23 de enero de 2012

ESPIRAL

La Vida es un presente infinito en el que se concentra toda la Existencia. A veces tenemos la ilusión perceptiva de que todo es igual, de que se repiten rutinas... Cuando eso ocurre es la señal de que nos estamos durmiendo, de que enfermamos, de que dejamos escapar el regalo de estar vivos.
Cada AHORA está vivo y lleno de murmullos, un baile infinito entre la maquinaria perfecta que une nuestros corazones.
¡Acepta el baile, danza mientras te quede aliento y fluye sin repetir la coreografía que aprendiste! ¡El movimiento está en ti y si lo liberas cada parte de tu ser seguirá el ritmo más allá de la perfección que intuyes, porque para eso fueron diseñadas!